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El presunto consenso científico sobre el cambio climático es falso, y aunque hubiera más de un 50%, el conocimiento científico no depende de votaciones democráticas u opiniones mayoritarias y una buena parte de la comunidad científica se opone a la actuación precipitada e ignorante de los burócratas internacionales para combatir un problema discutible por no hablar de un jeroglífico. Los mismos presuntos expertos, obsesionados con la toma de conciencia de la sociedad, hace años hablaban de los riesgos de un enfriamiento global inminente, que acarrearía disminución de la productividad agrícola y hambrunas; son los mismos que hablaban en su momento de proteger a las aves rapaces, muriendo estas ahora a consecuencia de las turbinas eólicas, esos monstruos tan antiestéticos y molestos como ineficaces.
Los que realmente promueven las actuaciones políticas son: los propios políticos que persiguen popularidad y votos; los burócratas oportunistas que con la creación de problemas buscan avances profesionales, dinero, privilegios y poder; los ecologistas cuyos ingresos dependen de asustar a la gente, y los ejecutivos y abogados de grupos de presión que consiguen grandes salarios; los socialistas que buscan un gobierno mundial centralizado de burócratas y ven en el control de la energía un paso adelante para eliminar las soberanías locales; los ideólogos fanáticos irracionales que consideran al ser humano como inherentemente malvado y destructivo.
Las élites de Naciones Unidas y la Unión europea, buscan tener más recursos bajo su control y lo mismo ocurre con las ONG y los activistas ecologistas, sin embargo sería necesario buscar siempre el equilibrio entre el coste y el beneficio.
Este peligroso cóctel de menospreciar grandes riesgos y sobrevalorando riesgos menores, hace que tengamos una percepción irreal de los riesgos y esto es lo que ocurre con la ecología en términos generales, por la que se destinan grandes cantidades de recursos para paliar problemas con los que podemos convivir, al mismo tiempo que se descuidan tragedias que necesitan ser abordadas urgentemente, como muchas enfermedades, guerras o la corrupción.